La Eficiencia Energética en las Viviendas

Mucho se habla en estos días de crisis de la “eficiencia energética”, concepto aplicable a la práctica totalidad de nuestro entorno. Pero tras este concepto tan amplio no hay más que una palabra oculta (como casi todo en esta vida), DINERO.
Poco a poco el ser humano va siendo más consciente de que los recursos que nos rodean son limitados, y poco a poco también, la percepción de que debemos dejar de derrochar energía va calando en todos nosotros y, de manera más o menos afortunada, en la clase política.
Una cosa está clara, “debemos optimizar nuestros recursos, y eso comienza por nosotros, en el día a día, desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a levantar al día siguiente.”

¿cómo se aplica este concepto a nuestra vivienda?


La vivienda es el recurso familiar que más demanda de energía genera. Es la encargada de albergar las actividades de cobijo, sustento y ocio (algunas veces incluso las de trabajo). Es por ello que debe ser estudiado su planteamiento frente a la fuerte demanda de energía necesaria para el quehacer diario y cómo esto repercute en nuestro bolsillo.
Actualmente, las instituciones públicas han decretado una serie de medidas “ACTIVAS” que ayuden (desde un punto de vista macroeconómico” a hacer más sostenible el consumo energético de a población. Esto se traduce en la OBLIGACIÓN de que cada vivienda que se crea en nuestro país genere una pequeña parte de su consumo energético mediante energías denominadas “alternativas” (básicamente la solar).
Desde hace unos años venimos viendo que sobre cada nueva vivienda se sitúan varios paneles solares, encargados de proporcionar parte del agua caliente sanitaria que necesitaremos en dichas viviendas. Al mismo tiempo, se ha establecido un programa de estímulo a nivel estatal para generar energía eléctrica por métodos alternativos (sol, viento, mareas, etc…) tan abundantes en nuestro país. Podríamos discutir ampliamente sobre la oportunidad del momento, dado el (a mi parecer) alto precio que presentan estas tecnologías en relación a su rendimiento (puede que hubiese sido más conveniente recurrir a la tecnología cuando ésta fuese “económicamente rentable” en lugar de recurrir al contribuyente para que “financie” su desarrollo), pero hay que ser positivos en esta idea, y quizás al mismo tiempo reclamar a las autoridades mayor “libertad” para el uso de estos recursos.
Pero lo que realmente me interesa como arquitecto son las medidas “PASIVAS”  que cada individuo toma a la hora de construirse su vivienda. Partiendo de la normativa “al uso” que regula el tema de aislamientos, etc… hay unos conceptos muy básicos que permiten que la vivienda actual se comporte de una manera razonablemente eficiente desde el punto de vista energético.

DE AISLANTES, VENTANAS Y PUENTES TÉRMICOS


La forma constructiva de España, muy dada al LADRILLO CERÁMICO, nos ofrece de entrada una estupenda capa de aislamiento térmico con el medio exterior. Normalmente se complementa con una cámara de aire sobre la que se dispone un aislante (espuma de poliuretano, lana de roca, fibra de vidrio, etc…) y finalmente un trasdosado también cerámico que acaban configurando una solución tremendamente EFECTIVA si se ejecuta correctamente. 
En este punto podría pensarse que los huecos de puertas y ventanas son los grandes enemigos del aislamiento, llegando incluso a condicionar el diseño estético de la vivienda en busca de una mayor protección frente a los agentes externos… nada más lejos de la realidad. 
Hay que dejar de considerar a los huecos de la vivienda (puertas y ventanas) enemigos del aislamiento. Puede que hace tiempo fuese cierto que el calor se “perdía” por debajo de las puertas, o a través de los vidrios y marcos de las ventanas, pero en la actualidad hay muchas SOLUCIONES TÉCNICAS que palian en gran medida la transmisión térmica a través de los huecos. Carpinterías como el PVC o el Aluminio con Rotura de puente térmico , sin olvidar la madera, son realmente eficaces en la lucha por mantener aislada térmicamente nuestra vivienda frente a los agentes externos.
El verdadero enemigo de la eficiencia energética hoy en día son los PUENTES TÉRMICOS, es decir, aquellas zonas de unión entre elementos de distinta naturaleza. Suelen darse principalmente en los encuentros entre forjados y muros, así como en los puntos de unión entre carpinterías y muros (marcos y cajas de persiana) por lo que basta con tener un cierto “cuidado y mimo” en dichas zonas para garantizar un correcto sellado de esas zonas problemáticas.
EL empleo de estas nuevas soluciones técnicas, que llevan existiendo en el mercado desde hace mucho tiempo, pero que gracias a la etapa de “bonanza constructora” se ha hecho asequible a todo el público (no todo iba a ser malo), ofrece mayor libertad al arquitecto a la hora de diseñar la vivienda, y al promotor de la misma una oportunidad de “abrir” su vivienda al exterior sin miedo a los agentes externos.

“¿significa esto que podemos aislar totalmente una vivienda empleando estas soluciones técnicas y constructivas?”

Como todo en esta vida, hay que relativizar y poner sentido común a la hora de diseñar y aislar la vivienda.  La búsqueda de un excesivo aislamiento normalmente acarrea un gasto excesivo e innecesario. El empleo de medidas de aislamiento en la vivienda pasa por un estudio personal de la forma de vida de cada individuo, y cómo éste quiere relacionarse con el exterior, tras lo cual se determinará la solución más conveniente para dicha vivienda, tomando como base la normativa vigente.
En definitiva, debemos tener claro que gracias a la técnica constructiva “ordinaria” (esto es, sin recurrir a formas especiales ni anti-económicas de aislamiento) tenemos la opción de abrir huecos al exterior sin miedo a sufrir en exceso las inclemencias del tiempo, lo que se traduce en que podemos dotar de mayor luz y ventilación a nuestras viviendas.

Ahora la respuesta a “cómo de grande hago esa ventana”  es totalmente suya.

© Toncas-Navarro ARQUITECTOS